Concientización sobre el Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT) 2021

Por: Margie Sánchez 

El 27 de junio es el Día de Concientización sobre el Trastorno de Estrés Post-Traumático (TEPT), que ayuda a reconocer algunos de los síntomas, signos y opciones de tratamiento para este trastorno de salud mental.

El TEPT puede afectar a cualquier persona que experimente o sea testigo de un evento traumático. Cuando una persona desarrolla TEPT el acontecimiento es reexperimentado persistentemente en forma de recuerdos intrusivos, flashbacks o pesadillas), se evitan los estímulos asociados al trauma, hay embotamiento de la reactividad general y aumento de la activación fisiológica (hipervigilancia o reacciones de sobresalto). Estas alteraciones se prolongan por más de un mes y provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Su prevalencia en la población general es del 1 a 14% y aumenta hasta un 58% en grupos de riesgo que por lo general se presenta asociado a otros trastornos psiquiátricos (Reyes, 2008).

Es importante destacar, como así defiende González (2010), que existe un “espectro postraumático” para referirse a un continuo de trastornos asociados con el trauma. De menor a mayor grado de disociación y gravedad se sitúan el trastorno por estrés agudo (TEA) y postraumático (TEPT) en uno de los extremos de este continuo y en el otro el trastorno de identidad disociativo (TID). Entre ambos se incluyen los trastornos somáticos, otros trastornos disociativos, el trastorno límite de la personalidad (TLP) y el trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT complejo) o trastorno por estrés Extremo (DESNOS; Disorder of Extreme Stress Not Otherwise Specified). El TEPT complejo se va a incluir en la CIE (Clasificación Internacional de enfermedades) en su nueva edición, CIE-11, aunque todavía no existe en el DSM.

En ciertas ocasiones, la experiencia traumática es grave y/o continuado en el tiempo, de naturaleza interpersonal (abuso sexual, maltrato físico, abandono o negligencia emocional) y por lo general sufrido desde una edad temprana, de tal manera que la exposición prolongada al trauma condiciona el desarrollo de la personalidad del individuo. En estos casos, se puede desarrollar TEPT complejo.

Además de los síntomas típicos del TEPT se unen alteraciones en 6 dominios de funcionamiento: alteración en la regulación de afectos e impulsos (miedo, tristeza, ira y conductas autodestructivas), alteraciones en atención y consciencia (amnesias y episodios disociativos y des-personalización), alteraciones en la auto-percepción (como una crónica sensación de culpa, responsabilidad y sentimientos de vergüenza crónicos), Alteraciones en la relación con los otros (revictimización y dificultades para intimar), somatización y/o problemas médicos, así como alteración en el sistema de significados (desesperanza) (Hervías et al., 2017).

El trauma provoca una ruptura en los sistemas de regulación emocional, una parte evita los recuerdos traumáticos y desempeña las funciones de la vida diaria, mientras otra parte reexperimenta el trauma y lleva a las respuestas defensivas en respuesta a los recuerdos específicos del evento traumático y en respuesta a estímulos intensos, pero neutrales, como podría ser por ej. ruidos fuertes (Van der Hart et al., 2006).

Van der Kolk (2016) destaca que el trauma no es solo un acontecimiento que se produjo en algún momento del pasado; también es la huella dejada por una experiencia en la mente, el cerebro y el cuerpo. Esta huella tiene consecuencias sobre el modo en que el organismo humano logra sobrevivir en el presente, que por lo regular dificulta las relaciones íntimas, insensibilización hacia sí mismo y los demás, cambia la percepción, dificulta la capacidad de imaginar, desregulación con la sensación que nunca acabará.

Como señala Navarro Góngora (2012), las experiencias traumáticas marcan un mensaje sobre las personas, sobre los valores, sobre ciertos aspectos de la vida y sobre la vida en general. Ese mensaje se matiza por las circunstancias de la crisis y del sujeto. Lo interesante del mensaje es que puede no ser consciente por un lado y que, por otro, se proyecta como un guion sobre la vida posterior de la persona que dificulta la percepción y relación consigo mismo y con los demás.

Sin embargo, como se destaca en la recién estrenada película “The Wisdom of Trauma”, debajo de la persona traumatizada hay un individuo sano que no ha encontrado cómo expresarse.

En definitiva, reprocesar el trauma es la puerta de acceso a una forma de vida más íntima y genuina, en el reconocimiento y aceptación de lo que auténticamente somos y de todo aquello que nos impide llegar a serlo (Hervías et al., 2017).

De esta manera, el abordaje tiene que ver con ayudar a las personas con TEPT a recuperar la sensación de estar a cargo de su vida, a reconectar con la historia olvidada, acompañando y conteniendo lo doloroso que puede ser enfrentarse a la realidad, pero sobre todo reconectar con la identidad encapsulada, presa del dolor. El cuerpo debe aprender que el peligro ya pasó y a vivir en la realidad del presente. Y desde ahí, volver a sentir su propio cuerpo como un espacio seguro para habitar y ser.

Si te sientes identificado con alguno de estos planteamientos, estamos a tu disposición para acompañarte en el proceso de encontrar un espacio de seguridad dentro de ti.

Referencias:

  • González Vázquez, A. (2010). Trastornos disociativos. Diagnóstico y tratamiento. Pléyades.
  • Hervías Higueras, P., Maroto Martín, L. y Benítez Alonso, M. (2017). Trastorno de Estrés Postraumático Complejo. XVIII Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría. https://psiquiatria.com/trabajos/usr_1021907375208.pdf
  • Navarro Góngora, J. (2012). Intervención en crisis: conceptos y procedimientos. Facultad de Psicología de Salamanca
  • Reyes Ticas, J. A. (2008) Neurobiología del trastorno de estrés postraumático. Revista de la Facultad de Ciencias Médicas, 5(2), 53-60. Universidad Nacional Autónoma de Honduras
  • Van der Kolk, B. (2016). El cuerpo lleva la cuenta: cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. ELEFTHERIA.
  • Van der Hart, O., Nijenhuis, E.R.S. y Steele, K. (2006). El yo atormentado: la disociación estructural y el tratamiento de la traumatización crónica. Descleé de Brouwer.

Margie Sánchez

La labor profesional de Margie se desarrolla en la investigación utilizando abordajes del modelo sistémico, la teoría del apego y las terapias psicológicas de Tercera Generación que constituyen los marcos desde los cuales lleva a cabo su práctica clínica.

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