Conductas Agresivas: El Resultado de la Baja Tolerancia a las Frustraciones

Por: César A. Fernández Geara, M.A.
Psicólogo Clínico

Las conductas agresivas o violentas son la manifestación externa y visible de toda una dinámica psicológica interna en la cual confluyen variables como las características de personalidad, los estados emocionales actuales y diversos patrones conductuales.

En muchas ocasiones, los comportamientos agresivos son parte de la manifestación sintomática de otros problemas más complejos como las siguientes:

  • Un trastorno de la personalidad que lleve al individuo a relacionarse con los demás de manera conflictiva, a manifestar cambios de humor repentinos, y a expresar la ira de manera desproporcionada.
  • Un trastorno del estado del ánimo que genere en la persona niveles elevados de impulsividad, hiperactividad e irritabilidad.
  • El abuso del alcohol y/o otras drogas que alteren el comportamiento del individuo.
  • Alguna lesión cerebral que afecte la capacidad del paciente para controlar sus impulsos, su ira y su agresividad.
  • Muchas otras situaciones médicas, psiquiátricas, psicológicas y socio-culturales.

Lo que sí podemos afirmar, sin importar la explicación detrás de la conducta violenta de una persona, es que el individuo con comportamientos impulsivos y agresivos presenta un umbral de tolerancia a las frustraciones más bajo que el promedio frente a situaciones de la vida cotidiana; es decir, en términos coloquiales: “tiene la mecha corta”; “explota” casi inmediatamente.

Todos nos enfrentamos a situaciones diarias que nos frustran a diverso grado. El problema del individuo agresivo, violento o impulsivo es que actúa como si el “chip regulador” de las frustraciones estuviera dañado. Su único afán en el momento, es descargar su ira, ya sea con la persona que la ha provocado o con alguna otra persona u objeto cercano.

En nuestro país, existen muchos ejemplos que demuestran que esta conducta se expone con frecuencia, y en muchos casos, con resultados trágicos y lamentables. ¿Recuerdan el famoso caso del chofer que mató a un limpiavidrios en el 2013?

En ambos casos hubo situaciones que pudieron llevar a que los individuos se sintieran frustrados, ya sea por impotencia, por molestia, por sentirse irrespetados, por desesperanzas acumuladas, por un sentimiento de injusticia y por no poder lidiar de una mejor manera con las emociones incómodas generadas. Dada la poca tolerancia a las frustraciones, ambos actuaron de manera impulsiva: uno voceando improperios y lanzándole agua sucia a un vehículo ajeno; y el otro, lamentablemente, utilizando un arma de fuego.

Este triste caso, y otros tantos, deben servirnos de experiencia para reflexionar en nuestra conducta, y cómo esta pone en riesgo nuestro entorno. ¿Qué tan rápido perdemos la paciencia, decimos cosas de las cuáles luego nos arrepentimos, herimos a nuestros seres queridos, estrellamos algún objeto en la casa, o pisamos el acelerador del vehículo con enfado? ¿Qué tan fácil le damos una pela a nuestro hijo, gritamos desesperados de impotencia cuando nuestros familiares parecen no escucharnos? No necesitas cometer una desgracia para considerar que tenemos un problema con la impulsividad, la agresión y la violencia.

Te exhortamos a que te tomes un tiempo para hacerte estas preguntas, y si descubres que necesitas ayuda, estamos aquí para apoyarte. ¡Te mereces bienestar! CLICK AQUÍ PARA COORDINAR UNA CITA

Con una Maestría en Psicología Clínica de Columbia University, Nueva York, EE.UU. Es egresado de Psicología del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Tiene un entrenamiento en Dialectical Behavioral Therapy y Good Psychiatric Management por el Borderline Personality Institute del McLean Hospital, Harvard University. En su práctica utiliza un enfoque ecléctico que combina los métodos cognitivo-conductual, sistémico, analítico y humanístico. Actualmente trabaja con adultos, con adolescentes y niños. Además, realiza evaluaciones psicológicas de personalidad, cognitivas y vocacionales.
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