La maternidad, mi experiencia.

Por: Tahirí M. Calderón Cabral

La pretensión no es hacer de este ejercicio un artículo técnico-científico desde mi formación de terapeuta, sino compartirlo desde la experiencia de madre, única en cada mujer.

La tarea es ardua, por tanto, hay que apresurar en uno de los pocos momentos libres para organizar algunas ideas en torno a la maternidad y la salud mental. Una cosa sí es cierta, la maternidad, y como vivimos las mujeres el proceso en estos tiempos, es un verdadero desafío.

En lo personal lo ha sido, en tanto he descubierto la ambigüedad enfrentada desde la condición de mujer joven que vive desde las “libertades” conquistadas en las últimas décadas, a saber, educación, trabajo, libertad de pensamiento y creencias, además de la configuración familiar no tradicional. Es una situación que requiere un mismo nivel de actividad en todos nuestros roles, en tanto somos madres presentes y vinculadas a nuestras crías, en equilibrio, sin siquiera mencionar el desplazamiento de sí misma y de la individualidad, replegadas a una zona gris.

Ciertamente, una situación con el poder de fragmentar nuestra salud mental.

Al nacer mi hija, broté como madre, y me reencontré con la niña que fui, mi infancia, mis apegos, mi historia. Reconecté con heridas del pasado que forjaron esta personalidad adulta fuerte, decidida, anticipada, cualidades que me han permitido hacer un espacio en la sociedad, pero que en la maternidad se han vuelto mi talón de Aquiles. En ese sentido, ser madre pues, es aceptar que el control no lo tenemos nosotras, es enlazar con la vulnerabilidad, con la pérdida de libertades, espacios, relaciones y roles.

El puerperio que es mucho más tiempo que las 14 semanas que nos otorgan, es un período donde se fragmenta la identidad, fundiéndose en procesos de ”alquimia del alma”, como prefiero llamarle, desde donde tendrá que surgir una nueva identidad más madura, diferenciada, consciente de sí misma y de su pequeña cría.

Con la maternidad surgen temas de salud mental poco visibilizados, la depresión y la ansiedad post parto son solo una muestra que sub diagnosticados, quedan enredadas entre las opiniones y expectativas de los/as demás, la fragilidad de la madre que quizás no se atreve a hablar de sus propias experiencias, que muy probablemente difieren de las que son consideradas como “normales” por otras madres.

Experimentar largos periodos de tristeza, sentir el deterioro y desarraigo de la vida, la pérdida del pensamiento creativo, de la fuerza y motivación, la idea suicida, y la sintomatología ansiosa que experimentan muchas madres durante el puerperio, son señales de alerta que deben ser validadas.

Luego de casi dos años en este viaje a mis adentros al que me ha llevado la maternidad, conecto con la necesidad de ¨maternarme¨, de ser una mujer capaz de cuidar, primero de sí misma, para entonces poder cuidar y acompañar a la cría, y finalmente a los demás. Es, en definitiva, un desafío a partir del que quisiera invitarles a hablar, a reconocer y crear las redes de apoyo adecuadas entre mujeres. Redes que nos permitan vivir esta experiencia en comunidad, en tribu, con expectativas reales y a favor de cada una de nosotras.

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Tahirí M. Calderón Cabral

En su práctica aborda violencia de género, trauma, personalidad, manejo de emociones, límites, identidad, depresión y ansiedad.

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