“La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”, Joker.

Por: César A. Fernández

El auge de la película “Joker” ha impulsado un despertar de conciencia sobre los temas de la Salud Mental; además de hacer un llamado al sistema para generar políticas públicas que tomen en serio la realidad de los problemas mentales, motiva a la sociedad a voltear la mirada hacia los condicionamientos que estos traen, y a sensibilizarnos con quienes los padecen.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2017) alrededor de 300 millones de personas en el mundo sufren depresión y más de 260 millones tienen trastornos de ansiedad. En los Estados Unidos, aproximadamente la mitad de los adultos (46.4%) experimentará una condición de salud mental a lo largo de su vida (National Council for Behavioral Health, 2019). En América Latina se estima que alrededor de un 30% de la población presenta al menos uno de los 20 trastornos de salud mental más comunes (Medina-Mora, E. et al, 2003).

Aún con cifras tan altas, los trastornos de salud mental siguen siendo grandes desconocidos para nuestra sociedad. En algunas ocasiones, quienes padecen condiciones mentales son marginados, rechazados y ridiculizados; pero sobre todas las cosas son incomprendidos.

Tal y como comenta el personaje de Arthur en la nueva película “Joker”, “la peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”. Y esto es una gran realidad, ya sea por desconocimiento, por olvido o por expectativas irreales.

Los familiares y amigos con frecuencia invalidan lo que estos individuos están sintiendo y pensando, y sin querer contribuyen a que la persona experimente, encima del cuadro emocional que está presentando, la sensación de falta de apoyo, incomprensión y enajenamiento social.

Por ejemplo, una persona que padece un trastorno de ansiedad generalizada, ataques de pánico, o alguna fobia, presenta un nivel de nerviosismo, tensión, preocupación o temor que resulta incomprensible para quien no padece una de estas condiciones. Usualmente las reacciones de los individuos con trastornos de ansiedad son tildadas por los demás como exageradas, ridículas y sin base. Con frecuencia el entorno de estas personas responde con frases como: “¡Eso no es nada! No te preocupes tanto”, o “¡Ay ya! Tienes que aprender a calmarte”.

En el mismo ámbito, una persona con un trastorno de ansiedad social tiende a sentirse increíblemente abrumado por interacciones sociales mínimas que para otras personas son cotidianas. Ir a una fiesta, saludar al vecino, invitar a un amigo a cenar se convierten en tareas sumamente difíciles y que tienden a evitar. En ocasiones el entorno de estos individuos puede ser muy invalidante utilizando frases como “ya tu conoces a esas personas, no tienes por qué ponerte así”, “ya estás viejo para que eso te de vergüenza”.

En otro orden, una persona con un trastorno del estado del ánimo depresivo no encuentra motivación para hacer lo que le gusta, no tiene energía ni para cumplir con sus deberes, se puede mostrar triste sin razón aparente, no se concentra en sus labores, y puede que quiera pasar todo el día acostado. El entorno entonces procede a tildarlos de vagos y poco comprometidos, y tiende a invalidarlos con frases como: “coge ánimo y levántate de esa cama”, “si sigues así no llegarás a ningún lado en la vida”, o “tu no tienes razones para estar triste”.
Y así como estos ejemplos, se presentan innumerables escenarios donde estamos esperando que personas con alguna condición de salud mental se comporten como si no tuviesen dicha condición.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Te invito a intentar ser comprensivo con quien padece una situación de salud mental, reformula las expectativas que tienes sobre el comportamiento de la persona, y revisa las formas en que pudieses estar invalidando su experiencia.
Si eres tú quien está atravesando por una situación de salud mental, recuerda que no todo el mundo va a entender lo que te está pasando, y que en ocasiones detrás de “eso no es nada”, hay un gran deseo de hacerte sentir mejor, aunque no lo estén logrando.

En fin, aprovechemos estas tendencias para hablar y leer sobre las diferentes condiciones mentales, informémonos y sensibilicémonos frente a los padecimientos que nos afectan. Un canal de comunicación abierto es lo más recomendado para juntos ir creando conciencia y construir un sistema de apoyo para el que lo necesite.

Puedes ver este artículo publicado en el Listín Diario

Con una Maestría en Psicología Clínica de Columbia University, Nueva York, EE.UU. Es egresado de Psicología del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Tiene un entrenamiento en Dialectical Behavioral Therapy y Good Psychiatric Management por el Borderline Personality Institute del McLean Hospital, Harvard University. En su práctica utiliza un enfoque ecléctico que combina los métodos cognitivo-conductual, sistémico, analítico y humanístico. Actualmente trabaja con adultos, con adolescentes y niños. Además, realiza evaluaciones psicológicas de personalidad, cognitivas y vocacionales.
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