Ser estudiante.

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Por: Carmen Gilda Sainz | Asesora Educativa

Cuando yo estaba en octavo de primaria tuve uno de los profesores de matemáticas más pintorescos que jamás haya conocido. Su forma de ser nos mantenía siempre interesados en su clase. Explicaba muy bien y escuchaba atento nuestras preguntas, respondiendo muchas veces con frases de matemáticos famosos. Yo siempre quería tener todo listo para su clase y caerle tan bien como él me caía a mí. Recuerdo una de sus frases favoritas, cuando nos iba mal en algún examen: “Mis hijos, el estudiante es el que estudia ANTES”, ¡no sé si esa se la inventó él o algún filósofo!

Es jocoso, pero en realidad, ser estudiante es mucho más complejo y abarcador que simplemente ‘estudiar antes’. Ser estudiante es como ser empleado en un horario de 7am a 7pm – y hasta más – con 7 a 10 supervisores al mismo tiempo y 2 jefes. Cada “supervisor” asigna responsabilidades varias constantemente, sin olvidar que cada uno tiene su personalidad particular que hay que entender y aceptar – porque eso es lo que hay. Todos ellos “se reportan” a los jefes (papá y mamá) por medio del reporte de notas comentando sobre conducta, responsabilidad y desempeño general. Usan una medida numérica especial de 0 a 100, incluso llegando a definir enteramente a sus estudiantes con un solo rasgo: estudiante de 90, de 80, de 70. No creo conocer a algún adulto que fuese capaz de soportar un esquema de trabajo similar.

Es una realidad que muchos estudiantes se definen a sí mismos de acuerdo a esas notas, las consecuencias que traen y cómo la percepción que sus padres tienen de ellos como seres humanos se modifica a partir de esas notas. Lamento recordar que, como maestra y terapeuta, he visto muchos padres que condicionan el amor y el apoyo a sus hijos a su oficio de estudiante.

Ser estudiante es una ocupación en la que niños y jóvenes necesitan de base el apoyo, sin prejuicios ni etiquetas, de los adultos que los acompañan en ese trayecto. Siempre uso mi propia experiencia como estudiante para conectar con mis alumnos y clientes. Recuerdo de manera especial a los profesores que se preocuparon por mi persona, no sólo por mis notas.

El oficio de estudiante tiene muchas aristas, entre ellas: tener o desarrollar las estrategias para prestar atención en clases, realizar las tareas a cabalidad, para prepararse para los exámenes y presentaciones. Es vencer el miedo de hablar en público o la timidez para poder participar en clases. Es estar seguro de sí mismo para decir “no entendí” o pedir ayuda cuando se necesita. Es ser valientes y enfrentar las adversidades típicas con profesores y compañeros. Es aceptar cuando se comete un error y ser compasivo con uno mismo ante estos. Para complicar más las cosas, en este presente que vivimos, ser estudiante es ser especialista en tecnología y horarios.

En conmemoración del Día nacional del estudiante en República Dominicana, hoy 18 de febrero, recuerdo con agradecimiento a todos aquellos profesores que hicieron que mi vida de estudiante fuera más rica e interesante. Fueron esos que me ayudaron a entender cómo hacer algún trabajo, los que tuvieron empatía en momentos en que tuve dificultades, aquellos que se dieron cuenta de cuáles eran mis fortalezas y me motivaron a explorarlas (incluso dándome más notas por eso que por otras cosas).

En este día invito a todo adulto que algún día fue estudiante a que reflexione sobre su experiencia y cómo le sería posible aportar a la de los estudiantes que los rodean, sean sus hijos, hijos de amigos o sus propios estudiantes. En este día celebró a todos esos chicos y chicas valientes que se enfrentan a realidades que muchos adultos no sabríamos manejar y en especial, les felicito por continuar adelante a pesar de las circunstancias tan complejas en las que hoy nos encontramos.

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